Debate sobre el estado de la nación

O cómo evitar que la realidad estropee la diversión

Amparados en lo que se atreven a tildar de datos, los oradores niegan la tempestad como propia y los que dicen atisbarla sitúan su epicentro, tal vez, allá por el Mediterráneo. Así, mientras unos representan su particular pantomima del rifirrafe, otros, los espectadores, intentan lidiar con una realidad de calma tan pasmosa como la que ayer se vivía en el Cantábrico (entiéndase, aquí, la ironía).

 


Costa de Lugo – A Mariña Occidental – Municipios de Viveiro, O Vicedo y Xove – Ría de Viveiro – Playa de Portonovo – Isla Coelleira

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Huelga de basura en Lugo

“Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad”. Esto es lo que reza nuestra Carta Magna en su artículo 28,2. Resulta, por tanto, hilarante el hecho de que los trabajadores que están secundando la de basura en Lugo pretendan denunciar al Ayuntamiento por la contratación de otra empresa para prestar unos servicios de recogida mínimos y más aun cuando se ha decretado una alerta sanitaria.

Los huelguistas consideran que esta no existe. Sin embargo, por más que se empeñen, no son quienes de realizar dicha apreciación. De hecho, ni siquiera le corresponde hacerlo a los gerifaltes de hospitales y centros médicos, o a los representantes del colegio de galenos, dado que, consultando nuevamente la Constitución española, nos encontramos con el artículo 43,2 en el que se especifica que “compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto”. Intentar, por tanto, limitar el acceso de refuerzos que ayuden a minimizar los riesgos implicaría atentar contra los derechos fundamentales de la ciudadanía que, a fin de cuentas, es la única rehén de este pulso. Es a ella a la que le peligra la salud y es ella la que soporta el hedor que, merced a las altas temperaturas registradas durante la primera semana de huelga, inunda las calles de una ciudad en la que incluso, en determinadas zonas, resulta difícil el paso. Además, la inutilización de los contenedores, que han visto hace días sobrepasada su capacidad, facilita la acción de pequeños mamíferos, que buscan comida en la basura esparciendo así la putrefacción. Y esto, a fin de cuentas, conforma el perfecto caldo de cultivo para alimentar problemas para la salud pública.

Estos se agravaron a tenor de las fechas elegidas para iniciar la protesta, dado que, si bien los lucenses intentaron en un primer momento paliar su impacto acumulando desperdicios en sus propios domicilios y limpiando envases antes de desecharlos, la ciudad vivió este fin de semana una de sus fiestas más multitudinarias, con lo que esto conlleva. Pero la repercusión no tuvo que ver exclusivamente con las toneladas de basura generadas, el mal olor o la insalubridad, sino también con la imagen de ciudad ofrecida a las miles de personas que se acercaron a disfrutar de una celebración que, gracias al esfuerzo de los lucenses, logró ser declarada de interés turístico. Los lugareños llevan años cuidando cada detalle, desde su caracterización, hasta la participación activa en el festejo, ya sea a través de eventos teatralizados o de otros improvisados. Hacer coincidir la huelga de basura con esta cita no fue una medida de presión, sino que significó una agresión a los habitantes de Lugo y a sus sectores productivos. El más perjudicado, el turístico, dado que perdió la oportunidad de mostrar el encanto de una ciudad con potencial para resultar atractiva en cualquier época del año, algo que redundaría también de forma positiva sobre otros sectores. La huelga se traduce, por tanto, en pérdidas a corto y medio plazo, algo inaceptable en un momento en el que la situación económica exige favorecer cualquier actividad que suponga ingresos y sirva para generar empleo.

Así, aunque son legítimas las peticiones de mejora laboral de los empleados de Urbaser, no lo son los modos. No lo es el condenar a una ciudad a convivir puntualmente con la mugre. No es asumible el tener que sufrir las consecuencias de una lucha en cuya resolución los de a pie carecen de voz y voto. Y a nadie beneficia consentir mientras se pone en riesgo la salud pública. Hacerlo no implica, en ningún caso, un apoyo a la dignidad, por mucho que haya quienes se empeñen en esgrimir dicho argumento como única vía de solidaridad.